COLOMBIA 5: LA COMUNA 13, MEDELLÍN - BRUTALIDAD Y ESPERANZA / COMUNA 13 IN MEDELLÍN - BRUTALITY AND HOPE
16-08-22
El barrio que más muestra la transformación de Medellín es la Comuna trece.
Ayer hice un tour organizado de este barrio emblemático de
la ciudad – es uno de los barrios que se ve en Narcos, la serie de Netflix ambientado
en Medellín.
Es un barrio mixto, pero muchas de las casas ahí son
improvisadas, construidas en la ladera de una montaña como en una favela brasileña,
por gente que vino a la ciudad para escaparse de la pobreza o la violencia del
campo.
Por mucho tiempo fue una de las zonas urbanas más
violentas del mundo, en la ciudad más violenta del mundo. Era un campo de batalla
de una guerra entre paramilitares, guerrillas y el estado colombiano donde la
gente normal del barrio fue quien más sufrió.
Era un barrio importante, estratégicamente, para narcos,
guerrillas y paramilitares, debido a su localización al margen de la ciudad, al
lado de las montañas, y por eso era fácil para quien lo controlaba mover armas,
droga y dinero de la ciudad al campo, o del campo a la ciudad.
Nuestra guía, Luisa – que lleva toda su vida en la Comuna
– nos contó que en la escuela primaria les enseñaron a distinguir entre el
sonido de las balas y el sonido de fuegos artificiales – o la “pólvora”, como
dicen aquí.
Empezamos con un corto viaje en un teleférico – o metro
cable, ya que forma parte del sistema del metro - que se construyó para que la
gente que vive en las colinas de la Comuna 13 pudieran llegar fácilmente al
centro de la ciudad para trabajar o estudiar.
Es una forma alucinante de viajar, en cabinas pequeñas que
viajan por el cielo suspendidas en cables, como algo en un resort de esquí en
los Alpes. Desde arriba puedes ver toda la expansión de la ciudad, zonas ricas
y pobres, las personas como hormigas abajo, las pequeñas cabinas pasando rápidamente
cada veinte segundos.
Luisa nos contó sobre el conflicto en Comuna 13 y el papel nocivo del estado. Durante mucho tiempo las autoridades no pudieron entrar en el barrio. Intentaron muchas veces, con el ejército y la policía, pero siempre fallaron, derrotados por los guerrillas y los narcos que vivían en la zona. Era imposible para la policía, ya que no conocían todas las escaleras, callejuelas y pasadizos que formaban parte de la comuna.
La noche del 16 de octubre, 2002, el gobierno decidió
entrar con todo su fuerza, para derrotar una vez por todas a los guerrillas de
las FARC y del ELN que controlaban la zona. También habían grupos paramilitares
en Comuna 13 que “ayudaron” a las autoridades, señalando a las personas que –
según ellos – formaban parte de los grupos guerrilleros, aunque en muchos casos
la policía acabó por arrestar a cualquier persona normal que vivía en el
barrio, sin pruebas ni evidencia.
Hubo cientos de desapariciones, muertos, heridos y detenciones. Se dice que las autoridades entraron a Comuna 13, empezaron a disparar, y no pararon durante 12 horas. Hay evidencia de grandes abusos de derechos humanos por parte del estado y ejecuciones extrajudiciales y se dice que existe la más grande fosa común en la región en la parte de Comuna 13 llamada La Escombrera.
Después de esa incursión, la situación cambió. Ahora, la
zona estaba controlada por varias pandillas, o combos, que se peleaban entre
ellos para el control del tráfico de drogas. En 2016 el gobierno y los FARC llegaron
a un acuerdo que puso fin a mucha de la violencia en el campo, y los combos se
cansaron de matar el uno al otro y ellos también llegaron a un acuerdo para
parar la violencia en Comuna 13.
Hasta el día de hoy siguen existiendo pandillas en la
comuna que controlan varias zonas, pero con la llegada del metro cable, de las
escaleras eléctricas – que también ayudan a transportar la gente arriba y abajo
en la comuna – empezaba a haber paz. Más importante todavía, fue la gente del
barrio que se decidió hacer algo por su comunidad, y la regeneración de la
comuna empezó.
Hoy, ha estado totalmente llena de turistas – la mayoría colombianos. Van ahí por los shows de rap y de improvisación, las exhibiciones de breakdance, y el grafiti y para aprender más sobre la historia brutal y el presente esperanzador de la comuna.
El turismo masivo sólo empezó en 2017, pero en muy poco
tiempo la Comuna 13 se ha transformado en el lugar en Medellín que todos los
turistas tienen que visitar. De tanta degradación y brutalidad, ha nacido algo que
ahora da esperanza a la gente del barrio.
Todavía sigue habiendo mucha pobreza y desigualdad en Comuna 13. Me imagino que todavía hay personas traumatizadas por la violencia, gente que
vive en la marginalidad, muchos problemas sociales, pero también hay mucha vida ahí, nuevas tecnologías y transportes que han cambiado el ambiente, y mucha energía entre los vecinos y la comunidad para seguir haciendo la transformación.
The area of
the city that most clearly shows the transformation of Medellin is Comuna 13.
I did an organized tour of this barrio yesterday – it is one of the places that can be seen in the Netflix series Narcos, which is set in Medellin.
It is a
mixed barrio, but a lot of the houses there are improvised, built on the side
of a mountain by their occupants with no planning or input by construction
professionals. Some have tin roofs, like in a Brazilian favela. Comuna 13 is
mainly inhabited by the descendants of people who fled poverty and violence in
the countryside and came to Medellin – ironically – for safety and a better
life.
For a long
time it was one of the most violent urban areas in the world, in the city with
the highest homicide rate in the world. It was a battle ground in the war
between paramilitaries (often right-wing mercenaries set up to oppose communist
guerrillas), left-wing guerrillas like the FARC and the Colombian state. As
always, it was the ordinary local people that suffered the most.
It was a
strategically important area, for narcos, guerrillas and paramilitaries because,
given its location at the edge of the city, next to the mountains, whoever
controlled the comuna was able to move arms, drugs and money in and out of the
city easily.
Our guide,
Luisa – who has lived her whole short life in Comuna 13 – told us that in
primary school they were taught to distinguish between the sound of gunfire and
the sound of fireworks, so they would know when it wasn’t safe to go out –
which was often.
It was a
small group, we started with a short ride in a tiny cable car that brought us
from the city up to one of the hills that make up Comuna 13. These cabinas
make up part of the metro system and are an important way for local people to
get down to the city below to be able to work or study.
It is an
incredible way to travel, in these tiny cabinas that fly through the air
suspended by cables, like something in an alpine ski resort. From above you can
see the whole city spread out below, rich and poor areas, the people like ants,
small cabinas passing in the other direction every twenty seconds or so.
Luisa told
us about the years of conflict in Comuna 13, and about the role of the
state. For a long time the authorities couldn’t enter the comuna. They tried
many times, but always failed, defeated by the narcos and guerrillas that
controlled the area. It was impossible for the police, as they didn’t have the
local knowledge that the controllers of the area had; they couldn’t find their
way around all of the stairways, alleys, passageways and tiny streets in the
barrio.
The night of
October 16, 2002, the government decided to invade with full force, to put an
end to the presence of the FARC and ELN guerrillas that controlled the zone. Notoriously,
there were also paramilitaries there that “helped” the police and army,
pointing out locals that they said were members of the guerrilla forces. Many
of these local residents were arrested, or worse, without proof or evidence. Many
were disappeared, and never seen again.
There were hundreds
of disappearances, deaths, injuries and arrests. It is said that the
authorities entered Comuna 13 and started firing, and didn’t stop for 12 hours.
There is evidence of human rights abuses on the part of the state, as well as
extrajudicial killings and the dumping of bodies in the part on the edge of the
comuna called La Escombrera. It is said that the largest mass grave in the
region – a region with a history of brutal violence – is in La Escombrera in
Medellin.
After this
incursion, the situation changed. The guerrilla forces were largely defeated
and the barrio was controlled by various gangs that fought among themselves for
control of territory and drug traffic. In 2016 the government and FARC – the
main left-wing guerrilla movement – signed a treaty that reduced a lot of the
violence in the country, and the gangs in Medellin got tired of killing each
other and also came to some kind of arrangement that reduced the violence in
Comuna 13.
Apparently
there are still gangs that control different areas of the comuna, but the
arrangement they came to still holds, and it is a largely peaceful area now.
The arrival of the metro cable – the cable cars – and the escaleras electricas –
escalators that take people up and down the mountain – helped to give some
normal life back to the comuna. Most importantly of all, the local people decided
to do something for their community, to work towards regeneration and
inclusion, to set up businesses, cultural organizations and tours. The
regeneration of the community began.
Yesterday, when I went, the place was absolutely jammed with tourists – most of them Colombians. Comuna 13 is famous all over the country. The tourists go there for rap and improvisation shows, to see breakdance troupes, for the graffiti and street art, and to learn more about the brutal history of the place and the hopeful present.
Mass tourism
only started in Comuna 13 in 2017, but in a very short time the area has been
transformed into the one place in Medellin that every tourist goes to. From
some much degradation and brutality, something hopeful has come, something
energetic and new.
There is
still a lot of poverty and inequality in Comuna 13. I imagine that – like Northern
Ireland, the Basque country, Syria, now Ukraine – there are a lot of people
still traumatized by the violence that they witnessed and suffered. There is
still a lot of marginalization, social problems, but there is also a lot of
life there, new technologies and forms of transport that have changed the picture
completely. It is obviously somewhere also filled with energy and a desire to
live a normal life, something more than just violence and survival.
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